...aunque hay veces en que necesito estar sentada...

...aunque hay veces en que necesito estar sentada...

miércoles, 2 de enero de 2013

Uno nunca sabe cuánto va a renegar cuando es mayor. Creemos que el mundo es otro y vemos como héroes a aquellos que más tarde serán bufones fracasados de una sociedad consumista que les absorve el seso hasta dejarles secos. No llegamos a conocer la estupidez en su pleno apogeo pues siempre habrá alguna vez que nos sorprenda de forma mayor, aún cuando creemos que eso no será posible ocurre y una medita, encerrada en esos cinco o seis metros cuadrados que son su habitación, ese castillo de muros infranqueables, guarida perversa, que produce sosiego y encierro, aveces la ventana se convierte en barrotes y te impide respirar libertad, huir de un ambiente hostil y poco deseado; no te deja viajar, hasta encierra a la imaginación, la recluye, la esconde. Bloquea los sentidos.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Algunas sensaciones no se olvidan nunca, y marcan una vida con lo que parece una meta de felicidad a la que pretendemos inútilmente regresar cada vez que el vacío se hace en nosotros. Así quiero volver a aquella tarde, cuando me agobia la mujer en que me he convertido, para recuperar la calma mayestática que me envolvió en aquellos momentos.


"Hoy cuando el tiempo ha pasado lo recuerdas, percibiendo el asombro entonces no sentido".

sábado, 29 de diciembre de 2012

¿Cuándo deja de doler?
Cuando deja de importar.

lunes, 17 de mayo de 2010

Yo nunca le pregunto nada al espejo, no sea que un día me responda y me lleve un disgusto. Nadie duda de la maldad de la madrastra de Blancanieves, pero hay que reconocer que después de haber sido durante años la más bella del Reino, debe sentar un poco mal que llegue otra y te quite el puesto.

Así se debió sentir Marta aquel día de junio, cuando tras un ajetreado día consiguió legar a casa una hora antes de lo habitual y se encontró con que Pablo la había reemplazado por Blancanieves. Puede que Marta no leyera las señales o puede que Pablo fuera demasiado cobarde para mostrarlas, pero fue el instante en que se paró la tierra, en que el espejo nos dijo que había otra más bella que nosotras y que había venido para quedarse.
Muchos años después, tras la muerte de Pablo y mientras intentaba impedir que una escandalosa sonrisa emergiera de su labios, recordaría el momento después de pararse la tierra y volvió a ver a Pablo, siempre tan guapo, sentado en el sofá de cuero marrón, y a ella junto a él, su Blancanieves, su pequeña pequinesa, que Pablo le había comprado y a la que ella descubrió justo una hora antes de lo previsto.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Y cuando me encuentre allá, lejos de los límites del mundo, donde se desdibujan los deseos, recordaré el día aquel que de forma extraña y confusa nevó en Madrid.

jueves, 22 de abril de 2010

Después de tantos años, de tantas noches sin dormir, sin saber dónde o cómo estabas, después de tanto tiempo de esperarte… Ahora estoy aquí. Habla. Hace un año más o menos estaba en la puerta de tu oficina. ¿Me espías? No. No te espío. Quería saber lo que tenía derecho a saber, nada más. Te vi salir con tu vieja compañera de universidad. Alta. Guapa. Llevaba un abrigo blanco muy bonito. Escucha… Me compré uno igual. Me compré el mismo maldito abrigo. Estuve llevándolo todo un invierno, pero tú no te diste cuenta… Siempre me alegraba, cuando te sentía llegar me alegraba, después de una noche en vela esperándote… Me alegraba. Ayer no dormí, pero sentía que no te esperaba… Y cuando te oí llegar me di cuenta de que no me alegré. Simplemente deseé que no hubieras vuelto...